una puesta que tuve el placer
de disfrutar por primera vez,
allá lejos cuando comenzaba
a transitar los primeros pasos
en la narración. Entonces Claudio
y Diego amalgamaban cuentos
y canciones - una caricia para los
sentidos, y hoy...hoy reeditaron
aquella experiencia: ´pleasure
without measure´ (= placer sin
medida)
Marcela y Silvia narraron cuentos
de esos que se las traen...
Gracias a los cuatro, ha sido una
tardecita para guardar en el corazón.
Aquí los protagonistas:
Comparto con uds. un cuentito que alguna vez
Diego me prestó, que lo disfruten:
La Abuela de las Garzas
Cuentan los ancianos que
en una época muy remota había en las cabeceras del río Cuao un poblado de
garzas llamado WAWAPU. Allí vivía una vieja garza, abuela de todas las demás,
en compañía de una joven nieta y un joven como cualquiera de nosotros, en edad
de comenzar su vida de adulto. El joven había sido raptado por las garzas, con
la idea de regresarlo de nuevo a su gente si aprendía a comportarse correctamente
entre ellas.
Un día, como todos los años en época de verano, las
garzas decidieron irse a las playas del río Orinoco en procura de alimentos
para ofrecer en la gran fiesta anual de la cosecha.
Entonces dijeron a la abuela garza:
- Abuela, nosotros vamos al Orinoco a buscar
alimento para nuestra fiesta. Pasaremos un buen tiempo por allá. Esperamos que
a nuestro regreso tenga preparada la chicha con el maíz que dejamos sembrado.
Dicho esto, las garzas salieron en grupo, tomando cada una su respectiva canoa
y se marcharon río abajo.
Luego de la partida de las garzas, la abuela se
dispuso a descansar, no sin antes advertirle al joven:
-Si me duermo, quiero que sepas, nieto, que mi
sueño no sera un sueño común.
Y acomodándose en su chinchorro agrego:
- Si no quieres quedar atrapado en el, ve tu mismo
a cerrar la puerta. Solo así podrás salir y entrar con libertad si lo deseas.
Pero el muchacho, enamorado de la joven garza, no atendió
a lo que la abuela le decía y solo pensaba para sus adentros: mientras duerma
la abuela, yo la pasare bien con la muchacha.
Y no fue a cerrar la puerta.
Al rato la abuela se levanto y dijo:
-
Si tu no cierras la puerta lo haré yo.
Apenas la abuela hubo cerrado la puerta, oscureció
dentro de la enorme vivienda y todo se convirtió en piedra.
El joven, asustado ante la oscuridad, bajo de su
chinchorro, se acerco tanteando con sus manos a donde estaba la joven garza y
se dio cuenta de que se había convertido en piedra. Mas asustado aun, comenzó a
caminar de un lugar a otro y comprobó que las tortas de casabe también se
habían convertido en montones de piedra.
Se dirigió hacia donde estaba la abuela garza y, al
extender su mano, solo toco una figura de piedra. Desesperado, golpeo varias
veces la roca tratando de despertarla:
- ¡Abuela, abuela, despierta para que vayas a
abrirme la puerta!
Llorando el joven insistió:
-¡Abuela Tu no eras piedra. Hace rato tu eras
gente!
Pero fue inútil. Todo continuaba igual.
Días después, cansado, triste y hambriento, casi
arrastrándose, el joven fue hacia la puerta y diviso un rayo de luz que se
colaba desde afuera.
Allí permaneció largo rato viendo por la rendija
sin poder salir, lamentándose de su suerte.
-¡Todo por no haber obedecido a la abuela garza! –
se decía a si mismo.
Entonces observo, a trabes de la rendija, a un
pequeño ratón que iba y venia.
-¿Cómo esta el maíz? – le pregunto.
El ratoncito le respondió:
-
Todavía esta echando espigas.
Transcurrieron varios días y el joven le pregunto
nuevamente al ratón:
-¿Cómo esta el maíz?
Y el ratón le contesto:
- Ahora si esta listo para comer.
El joven le pidió que le trajera una mata completa
cargada de jojotos.
-
No tengo fuerza para tanto – respondió el ratón.
Y solo le trajo un grano de maíz, que desapareció
en la boca del hambriento joven antes de que pudiera tragarlo.
El muchacho le pidió al ratón más maíz y este tuvo
que realizar muchos viajes al conuco para alimentarlo.
Hasta que, cansado, el ratón le reclamo:
-Tu si que eres comilón. Te comes todo el maíz que
traigo en mi totuma. ¡Sal de ese agujero si quieres comer mas!
El muchacho, poniendo la cabeza en la rendija, le
demostró al ratón que no podía salir.
-¡Ya veo, además eres cabezón! – dijo el ratón.
Y se marcho dejándolo ahí.
Al paso de tres lunas, la abuela de las garzas
despertó de su profundo sueño. Abrió una ventana y al entrar la luz las cosas
volvieron a ser como antes.
¿Qué habrá sido de mi nieto? – se pregunto la
abuela al no ver al joven.
Pero cuando fue a abrir la puerta se dio cuenta de
que este hacia tiempo había muerto. Al verlo la abuela exclamo:
-¡Pobre nieto! Te dije que cerraras la puerta con
su mano humana, pero no me hiciste caso…
A pesar de su profunda tristeza, la abuela de las
garzas recordó que debía preparar la chicha y necesitaba un ayudante.
Pronto estarían de regreso las garzas para celebrar
la fiesta de la cosecha. Entonces levanto los huesos del muchacho y, soplando
con su aliento de vida, lo resucito.
El joven ya no tenía la misma fuerza que antes para
cargar el agua y la leña que la abuela le pedía. Sin embargo, poco a poco se
fue recobrando, esta vez convertido en garza para siempre.
Version: Daniel otero
Edicion Monte Avila
Ministerio de Cultura – Venezuela

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