Monday, 17 December 2012

Navidad


La Navidad es la oportunidad que se nos dio para renacer para renovar el espíritu para recrearnos y recrear la esperanza de que siempre, siempre, podemos ser mejores personas y hacer nuestro aporte para una mejor calidad de vida.
Comparto tímidamente con uds. un cuentito escrito por mí para el programa de Navidad de Entre Duendes y Medianoche y agradezco a los Duendes por haberlo estrenado :)



La víspera de Navidad había llegado…
La madre con el magro ingreso que el padre cobraba por su arduo trabajo, había preparado humeantes y tentadores panecillos, que acompañarían un guisito nutritivo que, esta vez, por ser una celebración, tenía trocitos de carne - regalo de Navidad del carnicero donde la madre hacía la compras para la patrona.
Los detalles de color en la mesa, estaban dados por las manualidades que los niños prepararon en la escuela. La mesa estaba lista, los comensales, limpitos, perfumados y vistiendo sus mejores atuendos para la ocasión.
Ni bien llegara la abuela, se dispondrían a degustar el menú de Noche Buena.
El viejo reloj cuckoo del abuelo, marcaba acompasadamente el paso de los minutos y cada media hora, la puertita habilitaba la salida del pajarito para anunciarla. ¡Cuckoo!
19.30hs, ¡cuckoo! las 20, ¡cuckoo! 20.30hs….la abuela seguramente ha perdido el ómnibus y llegará entonces más tarde de lo planeado…¡cuckoo! las 22hs.
A esta altura, ya todos intercambiaban silenciosas miradas de preocupación, sin pronunciar palabra.
´…si solo hubiera podido comprarle un celular, ahora sabría qué está pasando...´ reflexionaba culposo y en silencio el padre.
´…debí haberme corrido a buscarla hoy a la tarde...´ se decía la madre para sí.
´¿y ahora, quién nos traerá regalitos? se preguntaba el menor sin atinar a verbalizarlo
´¿…y si se murió la abuela...? los viejitos a veces mueren así, de golpe, sin avisar´ cavilaba el mayor mientras se le estrujaba el corazón de pena.
´…le dije a la abu que pusiera su despertador cuando duerme la siesta…, y que además se dejara el audífono puesto, por si le tocaban el timbre´ refunfuñaba la mente inquieta de  la niña de la casa.
¡Cuckoo! ¡¡¡las 23hs!!! ´Se acabó, sentenció el padre, ya mismo salgo a buscarla, caminaré hasta su casa si es necesario´
Abrió la puerta cual tormenta de viento que azota y allí, encabezando una fila de abuelitos apachuchados por el hambre y el frío, estaba la abuela – sonrisa cómplice que el hijo aprendió a adivinar, cada vez que ella tomaba una iniciativa inesperada e inusual, pero siempre, siempre, solidaria y contagiosa.
Así, una vez en la casa, la familia, la abuela y todos los abuelitos, que abandonados en la calle, se fueron uniendo a ella camino a la casa de su hijo, compartieron la Noche Buena, con la pancita satisfecha y el corazón lleno de esperanza y amor. Todos, absolutamente todos recibieron los mejores regalos – ¿qué cuales fueron? amor, cuentos, historias, experiencias de vida y una infinita esperanza alimentada por la solidaridad de la aquella abuelita. 
´mi musa inspiradora´







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